El caso de María

María A. Pla, 44 años. alumna ESADE, 2015-2017

El yoga llegó a mi vida hace dos años, por casualidad, y decidí apuntarme y no fallar, tomarme ese tiempo para mí, obligarme a incluir la clase de yoga a mi rutina semanal. Con tres hijos, trabajando 8 horas al día, y ocupándome de mi casa, era difícil sacar algún rato para ir al gym, y aunque lo intentaba, mis problemas de espalda y rodilla (por lesiones deportivas), me impedían seguir una rutina.

Tuve la suerte de encontrarme con una profesora de yoga que me hizo conectar enseguida con la práctica, y me di cuenta que en mis dolencias físicas, había un factor psicológico importante debido al estrés y a la ansiedad que genera el “no llegar” a todo lo que te propones. Con la práctica de yoga empecé a ser consciente de mi respiración, a controlar la  ansiedad, y a tomarme todo con más calma, con lo que además de mejorar mi mente y mi buen humor, mejoraba mi estado físico y aumentó mi flexibilidad  y mi equilibrio de forma extraordinaria.

Por último, agradecer a Amanda, nuestra “guía espiritual”, el abrirme esta ventana al mundo del yoga, y recordarme que: “… cuando dejas de anhelar tus deseos, éstos se cumplen; cuando dejas de temer, tus miedos se alejan…”